Una cuestión de amor

Senna-Asif Kapadia

"El colapso del universo estelar ocurrirá, como la creación, con grandioso esplendor"

Con estas palabras el maestro Herzog da inicio a sus pinturas negras cinematográficas de Lesson of Darkness, atribuyendo al filósofo Pascal Blaise unas líneas, aunque en realidad son suyas, que vienen con la intención de elevar al espectador a un nivel más alto, subir un peldaño espiritual desde donde poder mirar las imágenes de un mundo en decadencia que busca sublimarse, pues solo en ese estado se vuelve posible una mirada más profunda, enemiga de lo factual, ajena a una realidad enfangada en nuestros ojos incapaces de escarbar en la tierra de la materia cinematográfica. Años más tarde, Asif Kapadia comienza su epopeya sobre uno de los pilares de la cultura de masas sobre ruedas, Ayrton Senna, partiendo de una música elegíaca que nos conduce hacia esa verdad extática presente en todos los films del alemán. Imágenes granuladas que vienen a hablarnos de un tiempo pasado con aroma a éxito y a muerte. Ya lo dice ante la cámara uno de los técnicos del piloto brasileño: "Lo que me gustaría mostrar ahora son algunas filmaciones que sean relevantes". Kapadia acepta el reto y reconstruye la vida de un mito a partir de imágenes innobles de distinta procedencia. Luminiscencias fugaces que proyectadas ante los ojos de un espectador, como el que escribe estas líneas, que nada entiende de bólidos ultrasónicos se transmutan en todo un ejercicio místico de pura abstracción de formas, colores, ruidos y olor a goma quemada.

"Sólo hay una palabra para describir el estilo de Ayrton: rápido. Llevaba el auto más allá de los límites para los que había sido diseñado."

Curiosa analogía que se puede establecer entre el espíritu del piloto brasileiro y el propósito de Kapadia como arqueólogo de imágenes, y que nos lleva a repensar su discurso a partir de todas esas fotografías de Larry Sultan y Mike Mandell que cuestionaban su sentido fuera de su circuito habitual, descubriendo ciertos hallazgos dormidos en aquellos retazos de vida que un día se captaron con el único objetivo de ser consumidos como fast food. Kapadia se apropia del universo de flashes que convierten la vida de Senna en un simulacro mediático. Decide retratar la leyenda a partir de su retrato, desentrañar su gesto en una biopic que se narra a sí misma mediante imágenes "oficiales" que al someterse a la manipulación del tiempo cinematográfico permiten descubrir el reverso tenebroso de un sistema podrido, los mecanismos de poder que mueven los hilos bajo la calma aparente. Pues como apunta el propio Senna, la fórmula uno es política, y ya lo dijo el maestro Mekas, con esa ironía encantadora que le caracteriza, en uno de los intertítulos fugaces de As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty: This is not a political film;como si hubiese otro modo de hacer cine, como si emplazar la cámara en el suelo no fuese ya en sí mismo un gesto político, una condición que la mirada se (y nos) impone. El mito baziniano del cine total se traslada a la pequeña pantalla, encuentra resonancias en una pequeña board cam que atestigua la epopeya al volante del astro carioca. Pero somos ya viejos, podemos percibir el peso de la hipoteca de la libertad de interpretación del artista(Sic). Asumimos que filmar, al igual que pilotar, es siempre una cuestión moral, el resultado de un proceso consciente o inconsciente que transforma una supuesta libertad creativa en un producto filtrado por el corsé de nuestro pensamiento.

 

Tras presenciar el accidente de su compañero Connelly, Senna debe reanudar la carrera. Pero algo ha cambiado en su mirada, que ahora viaja hacia Fitzcarraldo, hacia Aguirre, hacia Timothy Treadwell. Y es que hay algo en sus ojos que lo acerca a todos esos personajes herzoguianos que soportan en sus hombros el peso de las consecuencias de sus actos, que nos trasladan a experiencias límite y a óperas de sueños imposibles. Sentiremos entonces los abismos de lo insondable, la infinitud de su universo interior. En su cuerpo buscaremos respuestas, una pequeña rama a la que agarrarnos antes que nos arrastre la marea. ¿Por qué seguir adelante?, ¿cuál es la magnitud de esa fuerza invisible que empuja a un hombre a perseguir su meta a toda costa?,¿cómo podemos desentrañar el misterio de un rostro desencajado por el miedo a la muerte que parece arrebatado por un éxtasis peligroso?. Walter Steiner, ese campeón de esquí que protagonizara El Gran Éxtasis del Escultor de madera, ya esbozaba una respuesta que a su vez, persigue como axioma toda la filmografía de Herzog: "El fuerte latido antes de empezar no se tiene que interpretar, como el miedo que se siente antes de un accidente de coche". Al fin y al cabo, ya sabemos, el cine no nace del pensamiento académico abstracto, sino de tus muslos y tus rodillas(Sic). Walter salta al vacío, se congela en el aire y se transforma en cuervo gracias al cine. Senna arranca su coche y acelera a 320 kilómetros por hora. Es entonces cuando asistimos al espectáculo fúnebre del travelling como cuestión moral. La cámara a bordo del bólido de Senna nos hace partícipes de su último viaje. Podemos percibir el impacto antes de que se produzca, pero abrazamos su inevitabilidad. Pues no hay otro fin posible. El travelling se torna, más que una cuestión moral, una cuestión de amor, el símbolo infinito de una vida en movimiento. Ya lo hemos dicho,pilotar y filmar no son cosas distintas. "Eran sólo carreras, sólo coches. No había ningún tipo de política.Tampoco nada de dinero". Pero en algún punto la máquina succionó al hombre. El aire en su rostro ya no era el síntoma de una vida salvaje, ahora transportaba un olor desagradable desprendido por los engranajes de su propio poder.

"Las verdaderas primicias del cine no han llegado a existir más que en la imaginación de algunas decenas de hombres, El cine, realmente, no ha sido inventado todavía" André Bazin

Carlos Rivero