Principio y final

Crulic-Anca Damian

"Todo empezó con una llamada telefónica"

Tras estas palabras asistimos al inicio del relato de un muerto en primera persona. Una voz omnisciente se impone sobre una imagen animada que busca restituir el mundo por pinceles impresionistas, y que conecta con un cineasta como Jia Zhang-Ke al establecer un diálogo imposible entre dos dimensiones destinadas a esquivarse: la vida y la muerte. En The World (2004) el director chino recurre a la animación,en momentos puntuales del film, como síntoma de la incomunicación de un país que transmuta sus cuerpos en fantasmas interdimensionales, almas errantes en un paraje que ya no reconocen como propio, y que reducen su relación a esos pequeños fragmentos animados dónde la tecnología y la imagen virtual trastocan su universo erigiéndose como única vía de contacto humano.

"Si estoy aquí todo el día parada me convertiré en fantasma". The World

Cuando la víctima narra su propia historia desde el más allá, nada resulta más convincente que la animación, dice Anca Damían, cineasta rumana de corto recorrido, que ofrece en su segundo largometraje,Crulic, una vuelta a la idea de Zhang-Ke al preguntarse dónde queda la vida ante un objeto inerte, en este caso, la historia real de un joven rumano que fue encarcelado en Polonia por un delito que no había cometido. Damian se deja llevar por el dolor que siente al imaginar la muerte de Daniel Crulic, pero su imagen es esquiva, no pretende reconstruir un hecho, ni encontrar en la animación el refugio de lo irrepresentable, sino el esbozo de un mundo posible que encuentra su lugar allá dónde la realidad ha abdicado. Se establece un ejercicio documental que asume su mentira al introducir hechos ficticios en pos de una verdad mayor, pues no importa la autenticidad de la historia de Crulic, el cine puede inventarla, su dibujo no es más que el reflejo de su ausencia. La imagen real convive con la animada. Las pocas fotografías que su equipo de investigación ha podido encontrar se difuminan en un collage visual que nada entiende del carácter reproductivo de su materia. La memoria se desvanece, la huella del joven rumano pierde su valor.

"¿Estamos muertos?. No. Esto sólo es el principio". The World

Crulic comienza dónde acaba The World. Los personajes de Jia Zhang-Ke abandonan el mundo terrenal para sentar cátedra respecto a los límites del cine, a su nueva ontología. Esa división irreconcibliable para Bazin entre cineastas que creen en la imagen y cineastas que creen en la realidad, encuentra un nuevo rumbo: la realidad que asume su carácter de imagen. Tras su último aliento, el cine despierta, expone su eternidad ante la muerte. El final conduce a un nuevo principio, el cuerpo se transforma en otro artefacto. Lo real abandona la imagen para esconderse en la mirada de un espectador que integra la virtualidad de manera natural. Como En Vals Con Bashir (Ari Folman 2008), el velo se destapa, la pantalla se inunda de imágenes reales de la televisión rumana que cierran el caso de Daniel Crulic, pero ya no nos azota con la misma fuerza, el sustrato real pierde fuelle ante un conglomerado de imágenes de distinta procedencia. Como espectadores asumimos el carácter de mentira de nuestro entorno, como espectadores aceptamos que el cine, en cualquiera de sus formatos, es el único camino hacia la verdad.

Carlos Rivero