La hoja del tiempo

Bi! Don't be afraid-Phan Dang Di

"El cine, por su naturaleza, está obligado a no desdibujar la realidad, sino a esclarecerla".

- Andrei Tarkovsky.

Sabias palabras del cineasta ruso que han permanecido esculpidas en el tiempo, nunca mejor dicho, y grabadas a fuego en buena parte del cine contemporáneo. Si algo diferencia al dispositivo cinematográfico de otras artes es su capacidad para registrar la duración , para soportar el paso del tiempo y querer fijarlo, y que aún así se muestra férreo en su devenir natural (Sic). Pero...¿cómo fijar un tiempo que no quiere ser fijado?. El joven cineasta vietnamita establece su película en un lugar intermedio entre ese pasado que lucha por enterrar sus cenizas y un futuro que aún guarda algún atisbo de esperanza. Phan Dang Di se hace preguntas, intenta escarbar, a través de la ficción, en una identidad que se le muestra esquiva, pero se choca de frente con una sociedad enferma que, tras morder la fruta prohibida, convierte el pecado en materia cotidiana.

Proyectada en Cannes en 2010, Bi! Don't Be Afraid viene a corroborar la existencia de un nuevo cine vietnamita con una tradición mucho más longeva de lo que en un principio pudiera parecer. Hay que remontarse a los años veinte para encontrar los primeros atisbos de un precine formado por un grupo de intelectuales de Hanoi. No obstante los primeros años de esplendor cinematográfico se vieron truncados por la guerra de Indochina que dividió al país en dos, y que a la larga, acabaría desembocando en la guerra contra Estados Unidos, auténtica depositaria de cierto imaginario bélico en torno a la representación del horror. Tras la reunificación, el cambio a la economía de mercado en 1986 asesta un duro golpe a la producción local, llegando así a la era contemporánea, dónde apenas algún cineasta como Tran Anh Hung ( El Olor de la Papaya Verde, 1993), o Tony Bui (Tres Estaciones, 1999) han podido asomar la cabeza en festivales de renombre. Y es que el progreso deviene en olvido, el exceso de imágenes procedentes del campo de batalla se transforma en una losa pesada. Bi es un niño de diez años que convive entre dos generaciones entregadas al desencanto. El abuelo exhala su último aliento mientras sus padres juegan a ser sombras de otra época, esbozos fantasmales con ecos de un Antonioni trasnochado. La incomunicación se cura a base de alcohol, el no-lugar necesita del sexo para sentirse espacio. Bi observa una hoja seca, que encuentra en una caja olvidada de su abuelo, e intenta congelarla, esconderla en el hielo para así, retener un trozo de memoria. La hoja transporta la huella de un tiempo invisible que pretende romperse ya desde el primer plano, pues, lo que no se somete a la duración de las cosas, se quiebra sin pasado ni futuro.

El yeso de Rossellini en Te Querré Siempre, es ahora el hielo, la constatación de su existencia previa. Pero el calor lo derrite, el cuerpo se frota contra su historia ( literalmente), dejando a la vista sus costuras. Para Dang Di, esculpir en el tiempo no es tanto la posibilidad de aprehender el mundo en movimiento, como la imposibilidad de vivir en el pasado, ese tiempo que se muestra férreo en su devenir natural y que borra las huellas de su anterior escritura. Pero entonces, ¿cómo afrontar un retrato de la Vietnam actual asumiendo esa ausencia? La respuesta es simple: mediante una promesa de futuro. Tras la muerte de su abuelo, Bi presencia el vuelo de un avión que remonta la colina, aportando un nuevo inicio pero también la posibilidad de ver otros mundos, de asumir la universalidad del discurso cinematográfico. La manzana, como la hoja, descansa ahora tras el hielo. El futuro está a salvo, siempre y cuando el fragor de la batalla no derrita la esperanza de la nueva paz vietnamita, de la nueva relación que ahora surge entre el cine y la vida de sus hombres.

Carlos Rivero